Después de tanto tiempo, vuelvo a escribir, la verdad fueron unos días terribles, debo haber roto algún espejo sin darme cuenta o capaz que no le presté demasiada atención a ese sueño de las vacas flacas. Me enfermé de todas las cosas posibles, ya no me atrevo a preguntar ¿que más me puede pasar? porque a la vida le encanta sorprenderme...
Bueno estoy haciendo un curso, es lo más transendental en mi vida ya que no he podido salir mucho por reposo, así que me pareció una buena idea publicar un cuento que me piedieron que hiciera, la consigna era un relato que tenga que ver con "ME LA COMO ¿Y QUE?" así que espero que lo disfruten y me digan que opinan...
Me la como, ¿Y qué?
Alejandra, Mariana y Fabiana son amigas desde hace mucho tiempo. Tienen la costumbre de juntarse a tomar mate con galletitas cada vez que una pena las acongoja.
Esta vez la desahuciada era Fabiana.
Fabiana: - ¿Lo podés creer? Después de besarla delante mio, me pregunta si la ví.
Mariana cebaba los mates y Alejandra estaba entretenida con un plato de galletitas.
Mariana: - ¿Y cómo era la novia, linda?
Fabiana: - ¡No!, Era una petiza narigona, chueca, teñida….
Alejandra: - ¿No estarás exagerando un poco?
Fabiana: - ¡No!, era así: petiza, narigona, chueca, teñida, con dientes torcidos y re- gorda (Agarra una galleta). ¿Sabés la cantidad de estas (mirando la galleta) que se debe haber comido, esa mina? Debe terminarse un plato lleno ella solita!
Alejandra se sintió tocada, decidió no comer más. Pero le fue imposible, las galletas estaban muy ricas. Agarraba una, la daba vuelta, la miraba, la separaba, comía una mitad, después la otra, despacio. Y las chicas, seguían haciendo crecer su angustia.
Mariana: - ¿Así, gorda pochoclo?
Fabiana: - Sí, re-deforma, toda flácida, profesional en el arte de ingerir dulces. Es lo único que te puede engordar así: los postres y las galletas. G – O – R – D – A. Gorda, mal!
Alejandra comenzó a excluirse de la conversación y se recluyó en su cabeza. Pensaba qué dirían de ella, se convencía de que eran sus amigas, y tal vez no se daban cuenta de que ella estaba comiendo, de que lo que decían era por celos y que estaban exagerando. Pero cada vez que se creía realmente esto y agarraba una galleta, escuchaba las palabras: “gorda, vaca, ballena, pochoclo…..” y pensó:
Alejandra: - Soy una bestia… ¿Cómo puedo comer así?.
Cerebro: - No almorzaste, tenías hambre.
Alejandra: - No, deben pensar que soy una gorda como esa por comer así…
Cerebro: - No piensan eso. Ni siquiera te están mirando.
Alejandra: - Se hacen las que no, pero sí. Vos no las conocés.
Cerebro: - Ajá, claro. Antes de que me dé un aneurisma, entendé que no les importa.
Alejandra: - Me salió otro rollito. ¡Que horror!
Cerebro: - Ese lo tenés desde los 5 años, guacha.
Alejandra y su cerebro siguieron discutiendo por mucho tiempo. Pasó como media hora antes de que este la convenciera de que todo era imaginación suya, TODO.
Alejandra miró a sus amigas. Seguían hablando. Miró a la mesa, quedaba una sola galleta. Se le hizo agua la boca, la quería, la deseaba, la necesitaba. Sintió que las tripas se le retorcieron y pensó:
Alejandra: - Qué hago?
Cerebro: - No voy a discutir de nuevo con vos. ¡Andá a un psicólogo!
Alejandra: - Se ve tan rica. Ay!, es de chocolate. (Miró a sus amigas, se miró al espejo que tenía al lado y se hizo un guiño).Má sí….me la como y qué?!.
Movió su mano para agarrar la galleta y…
Fabiana: - Bueno, no vamos a dejar la vergüenza. Si nadie la come… (Saboreando la galleta). Mmm, están muy ricas. No son las mismas de siempre, no?
Alejandra suspiró con tristeza y pensó: “Gorda!”
P/d: Cualquier super coincidencia con la realidad es "mera coincidencia" jajaja
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